Todos los caminos que conozco
conducen a tu cama,
a tu cuerpo desnudo
tras una lisa sábana de seda,
a las horas que transcurren
mientras veo cómo duermes,
desapareciendo como el humo lentamente
dejando el aroma del champú
de tu pelo mojado en mis manos.
Desapareces, te diluyes entre mis dedos,
el fuego alcanza la boquilla,
y observo el vacío que dejas
en la cama desolada.
Enciendo mi último cigarro
y vuelves aparecer,
dormida, sonriendo.
Maldito vício el que tengo contigo,
¡cómo coño quieren que deje de fumar!
Antonio Huerta. Poema inédito.