Archivo para Agosto, 2009

Siete maneras de decir Manzana (Mi nueva adquisición)

Lunes, 24 de Agosto de 2009

Los sábados, las prostitutas madrugan mucho para estar dispuestas

Domingo, 16 de Agosto de 2009

Ángel

Elena despertó a las dos y cinco,
abrió despacio las contraventanas
y el sol de invierno hirió sus ojos
enrojecidos. Apoyada
la frente en el cristal,
miró a la calle: niños con bufandas,
perros. Tres curas
paseaban.
En ese mismo instante,
Dora comenzaba
a ponerse las medias.
Las ligas le dejaban
una marca en los muslos ateridos.
Al encender la radio- “Aída:
marcha triunfal”-,
recordaba palabras
-“Dora, Dorita, te amo”-
a la vez que intentaba
reconstruir el rostro de aquel hombre
que se fue ayer- es decir, hoy- de madrugada,
y leía distraída una moneda:
“Veinticinco pesetas.” “…por la gracia
de Dios.”
(Y por la cama)

Eran las tres y diez cuando Conchita
se estiraba
la piel de las mejillas
frente al espejo. Bostezó. Miraba
su propio rostro con indiferencia.
Localizó tres canas
en la raíz oscura de su pelo
amarillo. Abrió luego una caja
de crema rosa, cuyo contenido
extendió en torno a su nariz. Bostezaba,
y aprovechó aquel gesto
indefinible para
comprobar el estado
de una muela cariada
allá en el fondo de sus fauces secas,
inofensivas, turbias, algo hepáticas.

Por otra parte,
también se preparaba
la ciudad.
El tren de las catorce treinta y nueve
alteró el ritmo de las calles. Miradas
vacilantes, ojos
confusos, planteaban
imprecisas preguntas
que las bocas no osaban
formular.
En los cafés, entraban
y salían los hombres, movidos
por algo parecido a una esperanza.
Se decía que aún era temprano. Pero
a las cuatro, Dora comenzaba
a quitarse las medias- las ligas
dejaban una marca
en sus muslos.
Lentas, solemnes, eclesiásticas,
volaban de las torres
palomas y campanas.
Mientras
se bajaba la falda,
Conchita vio su cuerpo
-y otra sombra vaga-
moverse en el espejo
de su alcoba. En las calles y plazas
palidecía la tarde de diciembre. Elena
cerró despacio las contraventanas.

Ángel González.

Maybe

Viernes, 14 de Agosto de 2009

Janis Joplin.

Encomio a una tía de la hostia

Jueves, 13 de Agosto de 2009

algunos perros que duermen por la noche
deben de soñar con huesos
y yo recuerdo tus huesos
en carne
y sobre todo
con aquel vestido verde oscuro
y aquellos lustrosos zapatos negros
de tacón alto.
Siempre maldecías cuando estabas
borracha,
con el pelo sobre la cara
querías huir con un estallido de
aquello que te retenía:
recuerdos asquerosos de un
asqueroso
pasado, y
por fin huiste
al morir,
dejándome con el
asqueroso
presente;
llevas muerta
28 años
y sin embargo te recuerdo
mejor que a cualquiera de
las demás;
fuiste la única
que entendía
la futilidad del
apaño de la
vida;
todas las demás estaban molestas
únicamente con
segmentos triviales,
se quejaban
sin ton ni son de
cosas absurdas;
Jane, lo que
te mató fue
saber demasiado.
brindo aquí
por tus huesos
con
los que este perro
aún
sueña.

Charles Bukowski.


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