
Sobre los tacos de goma
del pedal de las bicicletas
nuestros pies de plomo
una mano, la izquierda,
se cierra sobre el puño del manillar,
y la otra, la derecha, sostiene
los globos de agua
los globos de agua
que haríamos estallar
a ser posible
contra el cuerpo
contra la jeta
o contra la cabeza
de los manguis
que solían sobar estirados
sobre los bancos de niebla
del campo de las monjas
¡el súbito despertar
de los pobres indigentes!
¡el susto que se llevaban!
su pelo sucio chorreando
su ropa,toda su ropa, calada
la risión al verlos de aquellas trazas
que niño soy
que sucio estoy
así que cuando escucho
que ahora
a los manguis
los empapan con gasolina
les prenden fuego
y los queman vivos
trato de no pensar
o de pensar lo menos posible
en lo absurdo que al final
acaba ya por resultar todo
incluso los actos
hechos a mala fe:
30 años después de todo aquello
el agua
que contenían aquellos globos
quizá, es muy posible,
hubiera bastado para sofocar
las llamas
y salvarles la vida
a los manguis
de nuestra civilizada sociedad
del mal
estar.
David González. Incluido en “En las tierras de Goliat”.
Simplemente… Impresionante.
Compartelo