Archivo para Agosto, 2008

Conduciendo bajo la lluvia

Viernes, 29 de Agosto de 2008

Conduciendo bajo la lluvia,
la luna es del color de los coches que pasan.
Atrás queda el pequeño
hotel de carretera junto a un bosque.
Conduciendo bajo la lluvia,
en los jardines públicos brillan ángeles fríos.
Atravesando calles
tranquilas,
soledad edificada.
Conduciendo de vuelta hacia nosotros mismos.
La última frontera es nuestro corazón.

Benjamín Prado. Incluido en Asuntos personales, 1991.

Duende del sur

Domingo, 24 de Agosto de 2008

Chambao.

Nos ocupamos del mar

Sábado, 23 de Agosto de 2008

Nos ocupamos del mar
y tenemos dividida la tarea.
Ella cuida de las olas
yo vigilo la marea
Es cansado,
por eso al llegar la noche
ella descansa a mi lado
mis ojos en su costado.

También cuidamos la tierra
y también con el trabajo dividido.
Yo troncos, frutos y flores
ella riega lo escondido
Es cansado,
por eso al llegar la noche
ella descansa a mi lado.
Mis manos en su costado.

Todas las cosas tratamos
cada uno según es nuestro talante.
Yo lo que tiene importancia
ella todo lo importante.
Es cansado,
por eso al llegar la noche
ella descansa a mi lado
y mi voz en su costado.

Javier Krahe.

Buenos días, Tristeza

Jueves, 21 de Agosto de 2008

A veces llega la tristeza. Trae
las alas suaves de conformidades,
los ojos bajos y la piel desnuda,
y parece tan fácil entregarse,
despojarse, poner bajo sus plantas
el reino, los poderes y las armas,
el amor sobre todo, y esos últimos
retales que nos quedan de alegría.
A veces gana la tristeza; entonces,
qué lujo de matices su victoria,
qué fasto de sus grises y sus pardos
ocupándolo todo.
Buenos días,
-he de decir-, tristeza, aquí me tienes.

Josefa Parra. Incluido en Alcoba de agua, 2002.

Sixtina

Martes, 19 de Agosto de 2008

Tú mi vida, esta noche me has borrado
del corazón y hasta del pensamiento,
y tal vez, sin saberlo, me has negado
dándome por perdido ya en el viento.
Más luego, vida, vi cómo llorabas,
entre mis brazos y que me besabas.

Rafael Alberti.

Mayo del 68

Lunes, 18 de Agosto de 2008

La falda resbalaba
por el fucsia frambuesa
de sus medias. La lava,
por su tez de tigresa.

Nevaba, sí, nevaba
una canción francesa.
Por su boca marchaba
la armada japonesa.

Era París en mayo
Boticelli: la diosa
que surgía del tallo.

Cimabué. Cimarosa.
Libertad: aquel rayo
de pestaña furiosa.

Jaime Sabines.

Completo, incompleto

Sábado, 9 de Agosto de 2008

La policía se queda sin tóner

Miércoles, 6 de Agosto de 2008

Me pasa mi amigo Alvaro la siguiente dirección de un artículo del Diario de Sevilla en su versión digital:

Fuente: Diariodesevilla.es

La policía se queda sin tóner.

El tóner es ese polvo fino de color negro imprescindible en cualquier oficina para imprimir un documento, esa sustancia que viene dentro de unos cartuchos de plástico duro que siempre hay que sacar a tirones cuando se atasca la impresora y que cuando uno consigue volver a colocar en su sitio le han dejado las manos tiznadas. Cuando no hay tóner se pierde la operatividad, la empresa deja de funcionar a pleno rendimiento durante unos minutos hasta que algún empleado solidario se acerca a la impresora para reponer un nuevo cartucho.

Ocurre que esta incidencia, en una empresa privada, no suele pasar de unos minutos o, a lo sumo, un día si se han acabado las existencias. Pero si se trata de una entidad pública las cosas suelen ir más lentas. Si además es una oficina del endeudado Ayuntamiento de Sevilla en tiempos de crisis el problema suele durar algo más. Concretamente diez días.

Algo realmente curioso, sigue leyendo…

Toda tú

Martes, 5 de Agosto de 2008

Habitación donde encuentro
descanso, pared de hueso
en la espina de tus senos.

Farol y neón,
hondo misterio de esquinas,
luna que devora a los lobos,
fiebre que recorre mis venas,

promesa de arena que se desliza
entre mis dedos, despertándose
al mar del mediodía.

Octavio Gómez Milián.

Plegaria en los páramos negros

Sábado, 2 de Agosto de 2008

Gracias por la muerte de estos montes
y por la de estos pueblos, en los que sólo las piedras
se mantienen con vida;
gracias por estos negros páramos del invierno
en los que la tierra asciende a los cielos
y las nubes descienden hasta tocar la tierra;
gracias por esta hora de todos los vacíos
en la que se intuye un final.
De tanta pureza y soledad, de tanta muerte
sólo puede brotar una vida más cierta.

Gracias por la noche, que a punto está de llegar
con la bondad de sus nieves,
y por ese perro vagabundo
que prueba a calentar con su hocico
el estanque helado
para extraer un poco de agua;
gracias porque no nos hemos cruzado
con ningún ser humano
para pulsar el dolor,
y por la pana remendada de parcelas y prados,
que conservan como un tesoro
las heridas de los disparos,
los tizones de los últimos incendios;
gracias por los frutales grises de los mínimos huertos
y por las colmenas adormecidas,
y por la casa cerrada desde hace muchos años
de la que no se conoce su dueño.

Y, sin embargo, en este anochecer,
yo quisiera ofrecer lo mejor de mi vida
a toda esta muerte;
yo quisiera cambiar todo el gozo y el oro
que hubo en mi vida
por la contemplación (desde estos páramos negros)
de las montañas últimas.
Porque aquí empezó todo para mí,
porque cuanto he sido, y soy, y digo,
nada sería sin las raíces de las luces frías,
sin esos senderos impenetrables
que sólo han recibido la visita
de los rayos amargos.

Por eso, quiero ser esa lastra ferrosa
bajo la que duerme la víbora,
o la yerba tan fuerte, o su escarcha,
que el sol no logró deshacer a lo largo del día.
Quisiera arrodillarme como tapia abatida,
como pinar abrasado.
No deseo ni puedo volver hacia atrás la mirada,
desandar el camino (¡tan largo!) recorrido,
pues ya sé que, vacío,
en la hora en que todo ya parece morir
a punto está todo de nacer.

La mirada vuela sobre la fosa del valle
(sobre la fosa de la vida),
hacia la gran mole coronada de silencio,
hacia la cima que alberga los misterios.
Gracias por este anochecer
en el que me he quedado entre las manos
con las pobres, escasas semillas
de las que habrá de germinar luz perpetua.

En el anochecer de los páramos negros
estoy solo y profundamente en paz.

Antonio Colinas.


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