Archivo para the ‘Poemas’ Category

EL LUCHADOR

Jueves, 13 de Mayo de 2010

me desperté,
tras una siesta
de 15 minutos,
recuperado y en forma

abrí los ojos
y obtuve ese placer,
ya sabes,
cuando piensas:
mi vida funciona

luego cobré
conciencia de
la realidad:
durante la
última semana
me habían
despedido de
mi trabajo
y a mi madre
le habían diagnosticado
un cáncer de mama

casi me hundo
al recordarlo

y entonces hice
lo que tú o aquel
o cualquiera
hubiese hecho:
me incorporé
de la cama

listo
para
seguir
luchando.

José Ángel Barrueco. Incluido en Para esas noches de insomnio.

A la puta que se llevó mis poemas

Lunes, 3 de Mayo de 2010

Algunos dicen que debemos eliminar del poema
los remordimientos personales,
permanecer abstractos, hay cierta razón en esto, pero
¡POR DIOS!
¡Doce poemas perdidos y no tengo copias!
¡Y también te llevaste mis cuadros, los mejores!
¡Es intolerable!

¿Tratas de joderme como a los demás?
¿Por qué no te llevaste mejor mi dinero?
Usualmente lo sacan de los dormitorios
y de los pantalones borrachos
y enfermos en el rincón.
La próxima vez llévate mi brazo izquierdo o un billete de 50,
pero no mis poemas.

No soy Shakespeare
pero puede ser que algún día ya no escriba más,
abstractos o de los otros.
Siempre habrá dinero y putas y borrachos
hasta que caiga la última bomba,
pero como dijo Dios,
cruzándose de piernas:
veo que he creado muchos poetas pero no mucha poesía.

Charles Bukowski.

Gracias Trini por enseñarme este poema, es genial.

Fragmento Num 8 de a orillas del gran silencio

Jueves, 29 de Abril de 2010

José Luis Rey

He vivido en el aire.
Hecho de aire, en el aire estuve.
El mundo era ligero y fui su dueño.
He visto lo más alto.
Vi las lunas de Júpiter florecer y estallar,
vi caer la nieve en Túnez,
la playa azul de Persia.
Los muchachos ahogados en los fríos desvanes,
el invierno y sus botas de luz verde,
la rebelión de pueblos invisibles.
Aquellas escaleras al fondo de mi casa y yo creía que llevaban al cielo.
La infancia como un órgano sonando, como una tempestad.
Y otra vez el día claro, el deseo de ser.
Pero sólo seremos una huella en los árboles.
Libros, tierras, amigos: todo va a la deriva.
Aquellas noches, viernes, a los catorce años,
imposible quedarse, aquel amor tan grande,
aquel proyecto famoso, aquel temblor, abril, aquella mano,
aquel colegio lento bajo el agua,
aquel nombre que creíamos ser,
aquel miedo, aquel cuerpo.
Así me vi pasar.
Quién detiene al que flota, he vivido en el aire.
He visto imperios disueltos en el aire.
Soy príncipe del aire.

Y el poeta con los ojos abiertos vivirá durante cien siglos en el aire.

José Luis Rey.

Poema inédito

Lunes, 26 de Abril de 2010

Pasarán los años por tu pelo,
las sombras lucirán inertes sobre tus manos,
se perderán en tu cuerpo —como un hilo de vida—
las canciones de un viejo cantautor.

Seguirás con tus historias,
con ese sabor a tabaco en tus labios,
y en tus sueños seguirás recordándome,
escribiendo poemas en la madrugada,
intentando olvidar, quien sabe,
el día que nos conocimos.

Pero despertarás y no estaré ahí,
despertarás con ese vacío irremediable,
con ese dolor en el alma,
pensando en este poema que jamás leerás,
en ese compañero que no te levantará
cuando súbitamente caigas en el vacío de los días.

Antonio Huerta. Poema inédito.

No volveré a ser joven

Jueves, 22 de Abril de 2010

Jaime

Que la vida iba en serio
uno lo empieza a comprender más tarde
como todos los jóvenes, yo vine
a llevarme la vida por delante.
Dejar huella quería
y marcharme entre aplausos
envejecer, morir,
eran tan sólo
las dimensiones del teatro.
Pero ha pasado el tiempo
y la verdad desagradable asoma:
envejecer, morir,
es el único argumento de la obra.

Jaime Gil de Biedma.

Elegia a Federico García Lorca

Domingo, 18 de Abril de 2010

Atraviesa la muerte con herrumbrosas lanzas,
y en traje de cañón, las parameras
donde cultiva el hombre raíces y esperanzas.
y llueve sal, y esparce calaveras.

Verdura de las eras,
¿qué tiempo prevalece la alegría?
El sol pudre la sangre, la cubre de acechanzas
y hace brotar la sombra más sombría.
El dolor y su manto
vienen una vez más a nuestro encuentro.
Y una vez más al callejón del llanto
lluviosamente entro.
Siempre me veo dentro
de esta sombra de acíbar revocada,
amasada con ojos y bordones,
que un candil de agonía tiene puesto a la entrada
y un rabioso collar de corazones.
Llorar dentro de un pozo,
en la misma raíz desconsolada
del agua, del sollozo,
del corazón quisiera:
donde nadie me viera la voz ni la mirada,
ni restos de mis lágrimas me viera.
Entro despacio, se me cae la frente
despacio, el corazón se me desgarra
despacio, y despaciosa y negramente
vuelvo a llorar al pie de una guitarra.
Entre todos los muertos de elegía,
sin olvidar el eco de ninguno.
por haber resonado más en el alma mía,
la mano de mi llanto escoge uno.
Federico García
hasta ayer se llamó: polvo se llama.
Ayer tuvo un espacio bajo el día
que hoy el hoyo le da bajo la grama.
Tanto fue! ¡Tanto fuiste y ya no eres!
Tu agitada alegría
que agitaba columnas y alfileres,
de tus dientes arrancas y sacudes,
y ya te pones triste, y sólo quieres
ya al paraíso de los ataúdes.

Vestido de esqueleto,
durmiéndote de plomo,
de indiferencia armado y de respeto,
te veo entre tus cejas si me asomo.
Se ha llevado tu vida de palomo,
que ceñía de espuma
y de arrullos el cielo y las ventanas,
como raudal de pluma
el viento que se lleva las semanas.
Primo de las manzanas,
no podrá con tu savia la carcoma,
no podrá con tu muerte la lengua del gusano,
y para dar salud fiera a su poma
elegirá tus huesos el manzano.

Cegado el manantial de tu saliva,
hijo de la paloma,
nieto del ruiseñor y de la oliva:
serás, mientras la tierra vaya y vuelva.
esposo siempre de la siempreviva,
estiércol padre de la madreselva.
¡Qué sencilla es la muerte: qué sencilla,
pero qué injustamente arrebatada!
No sabe andar despacio, y acuchilla
cuando menos se espera su turbia cuchillada.
Tú, el más firme edificio, destruido,
tú, el gavilán más alto, desplomado,
tú, el más grande rugido
callado, y más callado, y más callado.
Caiga tu alegre sangre de granado
como un derrumbamiento de martillos feroces,
sobre quien te detuvo mortalmente.
Salivazos y hoces
caigan sobre la mancha de su frente
Muere un poeta y la creación se siente
herida y moribunda en las entrañas.
Un cósmico temblor de escalofríos
mueve temiblemente las montañas,
un resplandor de muerte la matriz de los ríos
Oigo pueblos de ayes y valles de lamentos,
veo un bosque de ojos nunca enjutos,
avenidas de lágrimas y mantos
y en torbellinos de hojas y de vientos
lutos tras otros lutos y otros lutos,
llantos tras otros llantos y otros llantos.
No aventarán, no arrastrarán tus huesos,
volcán de arrope, trueno) de panales,
poeta entretejido, dulce, amargo,
que al calor de los besos
sentiste, entre dos largas hileras de puñales,
largo amor, muerte larga, fuego largo.

Por hacer a tu muerte compañía,
vienen poblando todos los rincones
del cielo y de la tierra bandadas de armonía,
relámpagos de azules vibraciones.
Crótalos granizados a montones,
batallones de flautas, panderos y gitanos,
ráfagas de abejorros y violines,
tormentas de guitarras y pianos,
irrupciones de trompas y clarines.
Pero el silencio puede más que tanto instrumento.
Silencioso desierto, polvoriento
en la muerte desierta,
parece que tu lengua, que tu aliento,
los ha cerrado el golpe de una puerta.
Como si paseara con tu sombra,
paseo con la mía
por una tierra que el silencio alfombra,
que el ciprés apetece más sombría.
Rodea mi garganta tu agonía
como un hierro de horca
y pruebo una bebida funeraria.
Tú sabes, Federico García Lorca,
que soy de los que gozan una muerte diaria.

Miguel Hernández.

Serrat canta a Miguel Hernández (Muchos años después)

Domingo, 21 de Febrero de 2010

Eres la noche, esposa: la noche en el instante
mayor de su potencia lunar y femenina.
Eres la medianoche: la sombra culminante
donde culmina el sueño, donde el amor culmina.

Forjado por el día, mi corazón que quema
lleva su gran pisada del sol adonde quieres,
con un sólido impulso, con una luz suprema,
cumbre de las montañas y los atardeceres.

Daré sobre tu cuerpo cuando la noche arroje
su avaricioso anhelo de imán y poderío.
Un astral sentimiento febril me sobrecoge,
incendia mi osamenta con un escalofrío.

El aire de la noche desordena tus pechos,
y desordena y vuelca los cuerpos con su choque.
Como una tempestad de enloquecidos lechos,
eclipsa las parejas, las hace un solo bloque.

La noche se ha encendido como una sorda hoguera
de llamas minerales y oscuras embestidas.
Y alrededor la sombra late como si fuera
las almas de los pozos y el vino difundidas.

Ya la sombra es el nido cerrado, incandescente,
la visible ceguera puesta sobre quien ama;
ya provoca el abrazo cerrado, ciegamente,
ya recoge en sus cuevas cuanto la luz derrama.

La sombra pide, exige seres que se entrelacen,
besos que la constelen de relámpagos largos,
bocas embravecidas, batidas, que atenacen,
arrullos que hagan música de sus mudos letargos.

Pide que nos echemos tú y yo sobre la manta,
tú y yo sobre la luna, tú y yo sobre la vida.
Pide que tú y yo ardamos fundiendo en la garganta,
con todo el firmamento, la tierra estremecida.

El hijo está en la sombra que acumula luceros,
amor, tuétano, luna, claras oscuridades.
Brota de sus perezas y de sus agujeros,
y de sus solitarias y apagadas ciudades.

El hijo está en la sombra: de la sombra ha surtido,
y a su origen infunden los astros una siembra,
un zumo lácteo, un flujo de cálido latido,
que ha de obligar sus huesos al sueño y a la hembra.

Moviendo está la sombra sus fuerzas siderales,
tendiendo está la sombra su constelada umbría,
volcando las parejas y haciéndolas nupciales.
Tú eres la noche, esposa. Yo soy el mediodía.

Miguel Hernández.

Ahora que no estás aquí

Viernes, 22 de Enero de 2010

Ahora que ni soñamos
prefiero mantenerme despierto
lejos de la luz que desprendían tus ojos,
cada día más apagados,
y yo, sin ellos, menos vivo.

Antonio Huerta. Poema inédito.

No te quiero sino porque te quiero

Martes, 12 de Enero de 2010

No te quiero sino porque te quiero
y de quererte a no quererte llego
y de esperarte cuando no te espero
pasa mi corazón del frío al fuego.

Te quiero sólo porque a ti te quiero,
te odio sin fin, y odiándote te ruego,
y la medida de mi amor viajero
es no verte y amarte como un ciego.

Tal vez consumirá la luz de Enero,
su rayo cruel, mi corazón entero,
robándome la llave del sosiego.

En esta historia sólo yo me muero
y moriré de amor porque te quiero,
porque te quiero, amor, a sangre y fuego

Pablo Neruda.

Un cigarro se consume en una mesilla de noche

Viernes, 8 de Enero de 2010

Todos los caminos que conozco
conducen a tu cama,
a tu cuerpo desnudo
tras una lisa sábana de seda,
a las horas que transcurren
mientras veo cómo duermes,
desapareciendo como el humo lentamente
dejando el aroma del champú
de tu pelo mojado en mis manos.

Desapareces, te diluyes entre mis dedos,
el fuego alcanza la boquilla,
y observo el vacío que dejas
en la cama desolada.

Enciendo mi último cigarro
y vuelves aparecer,
dormida, sonriendo.

Maldito vício el que tengo contigo,
¡cómo coño quieren que deje de fumar!

Antonio Huerta. Poema inédito.


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