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No te quiero sino porque te quiero

Martes, 12 de Enero de 2010

No te quiero sino porque te quiero
y de quererte a no quererte llego
y de esperarte cuando no te espero
pasa mi corazón del frío al fuego.

Te quiero sólo porque a ti te quiero,
te odio sin fin, y odiándote te ruego,
y la medida de mi amor viajero
es no verte y amarte como un ciego.

Tal vez consumirá la luz de Enero,
su rayo cruel, mi corazón entero,
robándome la llave del sosiego.

En esta historia sólo yo me muero
y moriré de amor porque te quiero,
porque te quiero, amor, a sangre y fuego

Pablo Neruda.

Oda a la critica del libro “Odas elementales”

Domingo, 5 de Agosto de 2007

Neruda

Yo escribí 5 versos: uno verde; otro era un pan redondo; el tercero, una casa levantándose; el cuarto era un anillo; el quinto verso era corto como un relámpago y al escribirlo me dejó en la razón su quemadura. Y bien los hombres, las mujeres, vinieron y tomaron la sencilla materia: brizna, viento, fulgor, barro, madera y con tan poca cosa, construyeron paredes, pisos, sueños… En una línea de mi poesía secaron ropa al viento, comieron mis palabras, las guardaron junto a la cabecera, vivieron con un verso, con la luz que salio de mi costado. Entonces llegó un crítico, mudo y otro lleno de lenguas y otros… otros llegaron ciegos o llenos de ojos; elegantes algunos, como claveles con zapatos rojos, otros, estrictamente vestidos de cadáveres. Algunos partidarios del rey y su elevada monarquía, otros se habían enredado en la frente de Marx y pataleaban en su barba, otros eran ingleses y entre todos se lanzaron con dientes y cuchillos con diccionarios y otras armas negras, con citas respetables, se lanzaron a disputar mi pobre poesía a las sencillas gentes que la amaban. Y la hicieron embudos, la enrollaron, la sujetaron con 100 alfileres, la cubrieron con polvo de esqueleto, la llenaron de tinta, la escupieron, con suave benignidad de gatos, la destinaron a envolver relojes, la protegieron y la condenaron, le arrimaron petróleo, le dedicaron húmedos tratados, la cocieron con leche, le agregaron pequeñas piedresitas. Fueron borrándole vocales, fueron matándole sílabas y suspiros, la arrugaron e hicieron un pequeño paquete que destinaron cuidadosamente a sus desvanes, a sus cementerios. Luego se retiraron, uno a uno enfurecidos hasta la locura, porque no fui bastante popular para ellos o impregnados de dulce menosprecio por mi ordinaria falta de tinieblas, se retiraron todos y entonces, otra vez, junto a mi poesía volvieron a vivir mujeres y hombres, de nuevo hicieron fuego, construyeron casas, comieron pan, se repartieron la luz, y en el amor, unieron relámpago y anillo y ahora, perdonadme señores que interrumpa este cuento que les estoy contando y me vaya a vivir por siempre con la gente sencilla…



Pablo Neruda.
Recitado por Joaquín Sabina.


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