Ahora que no estás aquí
Enero 22nd, 2010
Ahora que ni soñamos
prefiero mantenerme despierto
lejos de la luz que desprendían tus ojos,
cada día más apagados,
y yo, sin ellos, menos vivo.
Antonio Huerta. Poema inédito.

Ahora que ni soñamos
prefiero mantenerme despierto
lejos de la luz que desprendían tus ojos,
cada día más apagados,
y yo, sin ellos, menos vivo.
Antonio Huerta. Poema inédito.
Buenas a todos queridos lectores, hoy revisando Google Reader he visto una entrada en el blog de Ismael Serrano en el que nos ha dejado un vídeo de la preparación de su último disco “Acuérdate de vivir”. En su anterior disco “Sueños de un hombre despierto” hizo lo mismo, explicándonos el proceso de creación de dicho disco, los ensayos, la relación con sus músicos, en el estudio de grabación, etc.
Me gusta esta iniciativa, ya que gracias a ella, compartimos con Ismael de alguna forma ese proceso de creación del disco, además así, vamos matando ese gusanillo que tenemos de su música.
Sobre el vídeo que comparto arriba, está muy claro, Ismael bebe de la música latinoamericana, admira y trabaja con sus músicos y va evolucionando como uno de los mejores cantautores que existen en el panorama musical. Cuando ismael tenga los cincuenta y diez de Sabina… será un monstruo (en el mejor sentido de la palabra), pero mientras disfrutaremos de su evolución y su camino, acordémonos de vivir, miremos con una sonrisa al futuro sin olvidarnos de nuestro bendito y maravilloso pasado.
No te quiero sino porque te quiero
y de quererte a no quererte llego
y de esperarte cuando no te espero
pasa mi corazón del frío al fuego.
Te quiero sólo porque a ti te quiero,
te odio sin fin, y odiándote te ruego,
y la medida de mi amor viajero
es no verte y amarte como un ciego.
Tal vez consumirá la luz de Enero,
su rayo cruel, mi corazón entero,
robándome la llave del sosiego.
En esta historia sólo yo me muero
y moriré de amor porque te quiero,
porque te quiero, amor, a sangre y fuego
Pablo Neruda.
Todos los caminos que conozco
conducen a tu cama,
a tu cuerpo desnudo
tras una lisa sábana de seda,
a las horas que transcurren
mientras veo cómo duermes,
desapareciendo como el humo lentamente
dejando el aroma del champú
de tu pelo mojado en mis manos.
Desapareces, te diluyes entre mis dedos,
el fuego alcanza la boquilla,
y observo el vacío que dejas
en la cama desolada.
Enciendo mi último cigarro
y vuelves aparecer,
dormida, sonriendo.
Maldito vício el que tengo contigo,
¡cómo coño quieren que deje de fumar!
Antonio Huerta. Poema inédito.

Buenas a todos, desde siempre he sentido cierta curiosidad por la fotografía, me fascina poder capturar para siempre esa milésima de segundo en el que transcurre algo, esa imagen que puede ser inmortal gracias a una fotografía.
Mi amigo Jorge Mier-terán ha revuelto en mis tripas esa curiosidad, esa inquietud, y el otro día adquirí una cámara reflex Nikon D60 para empezar con mis primeros pinitos en la fotografía. Por lo que he creado un álbum en Flickr con mis primeras fotos de novato para quienes quieran echar un vistazo, criticarlas (constructivamente por favor) y seguir mi evolución en la fotografía.
Creo que es el complemento perfecto a mi poesía. En mis poemas describo o intento transmitir una imagen, situación o un sentimiento mediante la palabra y gracias a la fotografía podré complementarlo con una imagen, así el lector podrá hacer más suyo el poema.
Pues nada, espero que os guste y participéis. Un abrazo y que os traigan muchas cosas los reyes.
La dirección en Flickr: Pulsa AQUI.

Sin un rumbo previsto,
con el coche a 120 por
la autopista,
y tú, a mi lado,
sonriendo,
hablándome sobre Julio Cortázar,
sobre su locura, la Maga,
y tu vida.
En tu cara de sueño,
en tus ojos,
aún nublados,
observo el ir y venir
de nuestra noche,
ese abrazo y
tu despertar.
-Estás muy callado,
dices, y pienso:
no quiero llegar
a nuestro destino,
no quiero
que se agote
el diesel.
Sólo quiero
que
nunca
acabe
Nuestro viaje.
Antonio Huerta. Poema inédito.

Enrique,
Emilio,
Lorenzo.
Estaban los tres helados:
Enrique por el mundo de las camas;
Emilio por el mundo de los ojos y las heridas de las manos,
Lorenzo por el mundo de las universidades sin tejados.
Lorenzo,
Emilio,
Enrique.
Estaban los tres quemados:
Lorenzo por el mundo de las hojas y las bolas de billar;
Emilio por el mundo de la sangre y los alfileres blancos;
Enrique por el mundo de los muertos y los periódicos abandonados.
Lorenzo,
Emilio,
Enrique.
Estaban los tres enterrados:
Lorenzo en un seno de Flora;
Emilio en la yerta ginebra que se olvida en el vaso;
Enrique en la hormiga, en el mar y en los ojos vacíos de los pájaros.
Lorenzo,
Emilio,
Enrique,
fueron los tres en mis manos
tres montañas chinas,
tres sombras de caballo,
tres paisajes de nieve y una cabaña de azucenas
por los palomares donde la luna se pone plana bajo el gallo.
Uno
y uno
y uno.
Estaban los tres momificados,
con las moscas del invierno,
con los tinteros que orina el perro y desprecia el vilano,
con la brisa que hiela el corazón de todas las madres,
por los blancos derribos de Júpiter donde meriendan muerte los borrachos.
Tres
y dos
y uno.
Los vi perderse llorando y cantando
por un huevo de gallina,
por la noche que enseñaba su esqueleto de tabaco,
por mi dolor lleno de rostros y punzantes esquirlas de luna,
por mi alegría de ruedas dentadas y látigos,
por mi pecho turbado por las palomas,
por mi muerte desierta con un solo paseante equivocado.
Yo había matado la quinta luna
y bebían agua por las fuentes los abanicos y los aplausos,
Tibia leche encerrada de las recién paridas
agitaba las rosas con un largo dolor blanco.
Enrique,
Emilio,
Lorenzo.
Diana es dura.
pero a veces tiene los pechos nublados.
Puede la piedra blanca latir con la sangre del ciervo
y el ciervo puede soñar por los ojos de un caballo.
Cuando se hundieron las formas puras
bajo el cri cri de las margaritas,
comprendí que me habían asesinado.
Recorrieron los cafés y los cementerios y las iglesias,
abrieron los toneles y los armarios,
destrozaron tres esqueletos para arrancar sus dientes de oro.
Ya no me encontraron.
¿No me encontraron?
No. No me encontraron.
Pero se supo que la sexta luna huyó torrente arriba,
y que la mar recordó ¡de pronto!
los nombres de todos sus ahogados.
Federico García Lorca.

Sentir tu voz tan cerca, qué alegría,
saber que te me cruzas por la espalda
con cierta confianza pretendida,
con íntima amistad que me seduce.
Hace mucho que no hablamos.
Recuerdo que una vez te preocupaste
de hacerme sentir bien con tus palabras.
No importa que dijeras que me odias,
sabías que tu voz ya me bastaba.
Quisiera ser Bruce Lee para luchar
yo solo contra el mundo,
que mi cuerpo dispusiera de otro cuerpo de repuesto,
que mi mente se cansara de soñar.
Pero hace mucho que no hablamos.
Me fui huyendo de ti y no te olvidaba,
perdimos la amistad que nos unía,
y guardo tu presencia en mi presencia.
Que nunca se borre tu voz de mi mente,
dulce alegría.
Hace mucho que no hablamos.
Quizá ya ni recuerdes que te quise.
Y aunque hace mucho, mucho que no hablamos,
que no me das calor con esos gestos
que yo admiraba al margen del pecado,
hoy sólo sueño
con morir en un susurro de tus labios.
Jorge Barco.

Tengo un nuevo amor de fin de semana
que me acompaña en mis horas muertas de poesía,
natural como la tierra,
oculta su sonrisa
y me la regala cuando nadie nos ve,
me encanta seguirla con la vista
cuando merodea por el salón,
sintiéndose única en mis brazos.
Sueño cada noche con su forma
de volverme loco e inspirarme,
hablo con ella sobre la complejidad de las cosas
y aún así me aguanta y pide más…
Siempre que beso con ternura sus labios
y siento su lengua en cada rincón de mi boca
olvido todo lo que soy,
lo que ocurrió en la oficina
y esas cosas que amargan mis días, por insignificantes que sean.
Es el primer y último pensamiento,
mi amor de fin semana.
Y tal como viene se va,
dejando tras de sí el aroma de su cuerpo desnudo
en cada objeto, fotografía y en cada corazón
que habita esta casa.
Antonio Huerta. Poema inédito.